Justo despues del ataque cobarde a pearl harbor, una de las naves mas poderosas y vital fue  un hundido en la costa este de la península malaya.

Su poderosa estructura fue terminada en enero de 1937. tardo cuatro años en el astillero para que estuviera al 100% y listo para ver accion. mientras se encontraba en construccion, la mas grande amenaza empezaba a surgir; buque de guerra alemán Bismarck, cabe destacar que la tripulacion no estaba familiarizada.

 

Cuando este acorazado llegó a Scapa Flow en Mayo de 1941, se le asigna la mision de partir en busca del temible Bismarck. el barco mas poderoso de la segunda guerra mundial.

El 24 de Mayo de 1941 a las 6 AM, la Marina Real Británica se llevó uno de los golpes más demoledores de
su historia. El crucero de batalla Hood de 42000 toneladas fue destruido tras un combate que apenas duro 8
minutos contra el Bismarck, el acorazado más grande y moderno al servicio de la marina
alemana.

 Una vez que el almirantazgo británico recibe la comunicación urgente de que dos navíos de guerra enemigos (Bismarck y prinz Eugen) han cruzado los estrechos de Belt, Kattegat y Skagerrak. Inmediatamente, el crucero de batalla Hood y el acorazado Prince of Wales zarpan rumbo al estrecho de Dinamarca, marcado todavía por el límite de los hielos al norte de Islandia. Prácticamente, toda la  Flota Metropolitana de Gran Bretaña, se moviliza tras los barcos alemanes.

Los británicos comprenden enseguida que la pareja de barcos contrarios pretende realizar idéntica misión contra el tráfico mercante que el Scharnhorst y Gneisenau.
A las 19 horas y 22 minutos del 23 de mayo, el crucero Suffolk, dotado de radar, descubre por fin al gran acorazado alemán y su escolta y mantiene con ellos un prudente contacto visual en el estrecho de Dinamarca. Comienza así la caza del Bismarck.
A las cinco y media de la madrugada del 24 de mayo el Hood y Prince of Wales,  detectan a unos 25 kilómetros a los navíos enemigos. Durante dos minutos los adversarios se observan, temiendo cada cual el poderio ajeno.
Al menos en teoría, los britanicos tienen ventaja, ya que el acorazado Prince of Wales puede batir sin dificultad al crucero pesado Prinz Eugen, pues son diez cañones de 356 mm contra ocho de 203 milímetros.
Por su parte, el Hood debe hacer frente al Bismarck con idéntico armamento pesado: ocho piezas de 381 mm. en cuatro montajes dobles. Botado en 1918, el gran crucero de batalla de la Royal Navy desplaza 46.000 toneladas a plena carga (4.000 menos que su formidable oponente), pero por su estructura está peor protegido que el coloso alemán.

El almirante Lütjens (Bismarck) duda qué camino seguir. Las órdenes recibidas excluyen el combate directo con las grandes unidades navales británicas, para dedicar su atención a destruir convoyes poco protegidos. Sin embargo, cuando la distancia queda reducida a 23 kilómetros, la suerte está echada; es imposible retroceder sin presentar batalla.
En el otro lado, el vicealmitante Holland contempla preocupado desde el puente del Hood la mole del Bismarck y la más pequeña del crucero pesado. Son puntos oscuros que destacan en la línea gris del horizonte, mientras cada hombre piensa en la terrible incertidumbre del colosal duelo.
Los timbres de los cuatro buques enfrentados han colocado a sus tripulantes en zafarrancho de combate. Los ascensores llevan los proyectiles desde las entrañas de los poderosos ingenios navales hasta la boca de la recámara de cada cañón.
Un atracador hidráulico introduce primero el reluciente proyectil y los saquetes de pólvora. Atornillados los cierres, se colocan los estorpines. Los grandes calibres de 15, 14 y 8 pulgadas elevan sus bocas al cielo, mientras la dirección de tiro prepara sus cálculos a gran velocidad. Mediante telémetros y radares (éstos aún primitivos) son medidas distancias, y la central calculadora convierte los datos en alzas y derivas, que ya definitivamente pasan a las torres acorazadas artilleras.
Casi a un tiempo los navíos abren fuego, aunque el vicealmirante Holland se adelanta en dar la orden más dramática. Son los primeros instantes de increíble tensión.

Tras tres salvas sin resultado, el acorazado alemán logra enmarcar al Hood en su rosa de tiro. A los seis minutos exactos de iniciarse el gran combate, una inmensa llamarada de color amarillo, y rojo brota del crucero de batalla más grande del mundo. Una columna de humo muy densa se eleva al cielo, mientras cae al mar envuelta en una bola de fuego incandescente una de las torres dobles pesadas con piezas de 381 mm.
La quinta andanada o ronda disparada por el Bismarck resulta de terrorífica eficacia, cuando un colosal incendio se propaga en pocos segundos por la parte central del navío enemigo.
Es el tiro de gracia para el Hood, es cuando es alcanzado en el pañol (bodega)de municiones de popa. Partido en dos, el veterano crucero de batalla se lleva al fondo del Atlántico a 1.497 tripulantes; quedan vivos de la tragedia sólo tres testigos.

Tras su sensacional triunfo, Lütjens ordena dirigir el fuego sobre el acorazado Prince of Wales, cuyos hombres han asistido aterrados e impotentes al trágico final del buque insignia de la Royal Navy.
Este, centrado por el fuego del Bismarck y del Prinz Eugen, resulta seriamente alcanzado: dos piezas inutilizadas y grandes destrozos en el puente, con importantes pérdidas de personal. Su única posibilidad de seguir a flote es huir, cosa que hace ante la pasividad de los dos buques alemanes. Poco después se uniría a los cruceros Norfolk y Suffolk, conduciendo la caza del Bismarck.

 Mientras Lütjens se debatiría en  pensamientos de si debia acabar con el Prince of wales  le llegaron los partes de pérdidas (Informes): no había ni un solo muerto, pero el buque había recibido un impacto que le hacía perder combustible y dejar un amplio rastro. Otro proyectil había originado también desperfectos que reducían su velocidad en dos nudos. Poca cosa, aunque luego sería causa del desastre.
En Londres se clama venganza y el almirantazgo lanza todas sus fuerzas en busca del acorazado enemigo. Sus rutas de aprovisionamiento están en grave peligro y, además, hay que vengar al Hood. Hacia la zona, guiados por el grupo perseguidor, se dirige el almirante Tovey, con el acorazado King George V, el crucero de batalla Repulse el portaaviones Victorious y una docena de destructores.
Desde Gibraltar sale la fuerza H, con el crucero de batalla Renown, el portaaviones Ark Royal y el crucero pesado Sheffield, más su escolta de destructores. Los acorazados Rodney y Ramillies, que escoltaban dos convoyes, fueron separados de ellos y lanzados tras la pista del Bismarck.

 

Durante todo el día 24 los dos buques de Berlín navegaron velozmente hacia el sur, seguidos por Norfolk, Suffolk y Prince of Wales a poca distancia. Al anochecer, el Bismarck viró en redondo y atacó a sus perseguidores, que rápidamente abrieron distancias para escapar de los certeros cañones alemanes. En la hora siguiente, y aprovechando la confusión, el Prinz Eugen cambia de rumbo y, a toda máquina, rompe el contacto. Cuando el grupo perseguidor vuelva a agruparse y reemprender la caza, sus pantallas de radar ya sólo registrarán la presencia del Bismarck.
Es, pues, seguro que a esas horas Lütjens había renunciado a su misión corsaria por el Atlántico. Los son escasez de combustible, a causa del perdido o contaminado con agua salada por el impacto recibido. Eso le aconseja volver a casa, pero ¿por dónde?. Regresar, de nuevo, por el estrecho de Dinamarca, parece imposible, pues tendría que desafiar a toda la flota británica. Así, elige algo teóricamente más arriesgado, entrar en el puerto de Brest, ante las propias narices de Londres, pero algo que, con fortuna, podría lograr en poco más de cuarenta y ocho horas y sin tropiezos desagradables.

A esas horas del ocaso del día 24 otro marino que teme el tropiezo es Tovey. Si su grupo choca con el Bismarck sabe que, tras la experiencia del Hood, bien pudiera ocurrirle lo mismo. Su única ventaja son los aviones del Victorious, pero el tiempo es malo. Con todo debe jugarse esa carta. Así, a las 0,04 horas del domingo 25, los torpederos del portaaviones lograban localizar y atacar al acorazado alemán. Bajo un feroz fuego antiáreo, que abate dos aviones y toca a casi todos los demás, lanzan sus torpedos. Sólo uno hace blanco, choca contra la coraza lateral, hace temblar al buque, mata a un marinero y levanta sólo la capa de pintura.
Es de noche y llueve, Lütjens está contento. Esa situación favorece sus propósitos. Ordena zafarrancho de combate y un cambio de rumbo que le hace caer disparando con todas sus piezas sobre el grupo perseguidor. Luego vuelve a cambiar de rumbo y sigue disparando unos minutos. Cuando los británicos vuelven a agruparse, el Bismarck ha desaparecido de sus radares. Son las 3.06 horas del 25 de mayo.
El acorazado alemán navegará a toda máquina hacia Brest durante las próximas treinta y una horas. Los buques de la Royal Navy le buscarán, primero en dirección suroeste, luego hacia el noreste. Lütjens ha ganado más de medio día, pero cometió el error de lanzar un mensaje diciendo que regresaba a puerto. Lütjens creía estar localizado, pues sus instrumentos detectaban las señales de radar británicas; no sabía que eran tan débiles que su rebote no alcanzaba a los buques emisores.
Su mensaje no orientó mucho a la flota británica, pero sí a la observación aérea. A las 10:30 del 26, el Bismarck fue avistado por un Catalina, aparato de reconocimiento de gran radio de acción. El júbilo fue enorme en la sala de operaciones del almirantazgo, en Londres; pero el almirante Tovey no se alegró tanto. Dos de sus grandes unidades, el Prince of Wales y el Repulse, navegaban hacia puerto faltos de combustible; lo mismo les ocurre a la mayor parte de sus destructores.
Él mismo se hallaba a más de 130 millas por la popa del buque alemán y aún más lejos navegaba el Rodney, que apenas si sacaba más de 21 nudos de sus máquinas. En definitiva sólo la fuerza H, que se hallaba a unas 110 millas del Bismarck navegando con rumbos encontrados, podría intervenir.
El grave problema de Tovey era que lanzar al crucero de batalla Renown, apoyado por el crucero pesado Sheffield y cuatro destructores contra el Bismarck era condenarles a una segura destrucción. Sólo una posibilidad le quedaba, que los aviones del Ark Royal lograsen alcanzar y detener al acorazado de Berlín.
En éste se vive una rutina de guerra, sin excesiva tensión, al anochecer del lunes, 26 de mayo. La acogedora base de Brest, en la Francia ocupada, apenas si dista 500 millas y al amanecer del día siguiente estarían dentro del radio de acción de la Luftwaffe y contarían con una tranquilizante pantalla aérea.
En el Ark Royal el contraalmirante Somerville, que ha recibido la tajante prohibición de atacar al Bismarck con sus buques, dispone sus anticuados Swordfish como último argumento. Quince aparatos, cargados cada uno de ellos con un torpedo de 455 mm. se aprestan al despegue.
Los pilotos no están en las mejores condiciones, pues han volado toda la tarde en busca del buque alemán y hastan han atacado por confusión al crucero Sheffield, que se ha acercado a 25 millas del Bismarck para tenerlo controlado. Sus torpedos, sin embargo han sido afinados al máximo, pues los lanzados contra el Sheffield mostraron deficiencias en el mecanismo de explosión.
Despegan casi de noche, a las 20 horas, con una mar picada que cubre de espuma la pista de despegue del Ark Royal, A las 20,47, guiados por el Sheffield, atacan los aviones del capitán Coode. Su lentitud, pese al camuflaje del crepúsculo y las nubes, permite el zafarrancho de combate en el Bismarck. Entran en acción hasta las grandes piezas de 380 mm con disparos de metralla. Un centenar de cañones y ametralladoras antiaéreas hacen trepidar la mole de acero.
Los atacantes se ocultan entre las nubes, tras los chubascos, entre las olas. El Bismarck, a 28 nudos de velocidad, navega cubierto de espuma tratando de escapar de los letales peces explosivos. El capitán Coode no pierde la cabeza, la lluvia, el terrible fuego antiaéreo... dificultan mucho la misión, por eso no ataca en masa, busca su oportunidad y lanza a sus aparatos cuando existe un resquicio para el éxito. Un aparato estalla en el aire, cinco más son alcanzados en el momento de lanzar y se retiran renqueando.
Tras cuarenta minutos de ataque, sólo un impacto, contra el blindaje lateral, que apenas si tiene más efecto que un fogonazo. Queda un último avión por lanzar. El Bismarck lo ve venir. Dispara contra él con todo, a la vez que el timonel mete la caña 12° a babor para escapar al torpedo. Este surca el agua oscura y estalla a popa del Bismarck. Aparentemente su efecto ha sido nulo. Los alemanes respiran aliviados cuando se ven navegar a toda máquina sobre el agua. Los británicos comprueban desesperanzados que su torpedo nada hizo. El Bismarck no ha movido ni un metro su curva trayectoria... sin embargo, Coode aprecia rápidamente que algo ocurre: su presa no varía el rumbo, sino que traza dos círculos consecutivos a gran velocidad.
Ya para entonces el capitán Lindemann ha advertido a Lütjens que tienen una grave avería: el torpedo ha bloqueado los dos timones, inmovilizándolos 12° a babor. Primero tratan de gobernar con las hélices, pero no resulta posible. Luego, luchan por volar el timón para continuar el rumbo a base de motor. Todo imposible. La noche del 26 al 27 de mayo es tremenda. Durante toda la noche el coloso avanza penosamente dando tumbos y esquivando los ataques con torpedos de cuatro destructores y el crucero Sheffield. Todos ellos recibirán alguna herida aquella noche.
Entretanto, Tovey navega a toda máquina con el King George V, seguido del Rodney y del Norfolk. Lütjens espera su llegada, con los cañones a punto. Antes de amanecer envía su último telegrama a Berlín: "El buque ha quedado ingobernable. Lucharemos hasta la última granada. ¡Viva Alemania!"
A las 8:47 de la mañana del 27 de mayo, a 24.500 metros de distancia, abre fuego el Rodney con seis piezas de 406 mm. Dos minutos después responde el Bismarck, con cuatro piezas de 381 mm. En ese momento disparan también el King George V y el Norfolk, y minutos después se les une el crucero pesado Dorsethire. El Bismarck, que sólo avanza a ocho nudos y que no puede cambiar de rumbo, se convierte en un blanco perfecto, sobre el que cae una cascada de proyectiles.
Su puente se convierte en un infierno, sus piezas son desmontadas una tras otra, la cubierta es un mar de fuego batida por una catarata de metralla. Con todo, su artillería, cada vez menos abundante, cada vez menos precisa, sigue funcionando, disciplinadamente hasta las 9,31, en que dispara la última granada.
Los británicos, pretextando que no había arriado su bandera (cuestión más que imposible bajo la tempestad de metralla), siguieron disparando sobre él hasta las 10:16 horas. El consumo británico de munición fue en aquéllos ochenta y nueve minutos de 2.876 proyectiles de los calibres 406, 356, 203 y 152 mm.
Pero el Bismarck no se hundía, pese a que Lindemann (Lütjens debió morir al principio de la acción) ordenó la apertura de los grifos de las sentinas y bodegas para que el buque no quedara en manos británicas. Finalmente, el Dorsethire le alcanzó con tres torpedos que constituyeron el golpe de gracia. Según los británicos durante aquella batalla se lanzaron contra el Bismarck 71 torpedos y al menos ocho hicieron blanco...
A las 10.39 de la mañana se hundía el Bismarck; los supervivientes alemanes, poco más de un centenar, y los marinos británicos pudieron ver cómo en la proa del buque, sobre una de las torres, se mantenía erguido y en posición de saludo el capitán del navío Lindemann. Cuando desapareció se encontraba a 400 millas de Brest.
Al día siguiente, Churchill enviaba un telegrama al presidente Roosevelt comunicándole el fin del Bismarck que era "una obra maestra de la ingeniería naval".

Esta fue la batalla mas larga del atlantico con lo cual se demostro la supremacia se la armada real, es aque que se ve el poder de fuego del Prince of wales.

El 25 de octubre de 1941, el Príncipe de Gales, completamente reparado, abandonó las aguas inglesas una vez más y navegó hasta Singapur. Inglaterra quería defender Singapur y contener a la armada japonesa, para lo que enviaría al nuevo buque de guerra a la península malaya.

 Después de que estallara la guerra del Pacífico el 8 de diciembre de 1941, la flota bajo el mando del almirante Philips (formada por el Príncipe de Gales, el Repulse y los destructores Electra, Tenedos, Express y Vampire) abandonó Singapur para atacar al convoy japonés en Malaya. El 9 de diciembre estalló una tormenta, ocasión perfecta para un ataque sorpresa. Sin embargo, alrededor de las 18:30, el cielo se despejó y tres hidroaviones de reconocimiento japoneses divisaron la flota.

A las 22:00, el almirante Philips abortó la misión y ordenó a los buques que retrocedieran. Cerca de la medianoche llegaron informes que decían que las tropas japonesas estaban desembarcando en Kuantan y el almirante decidió encontrarse allí con el enemigo. A las 07:40, a 60 millas al este de Kuantan, ordenó al Express que se acercara a tierra para observar las tropas japonesas. El Express informó de que Kuantan estaba tranquilo. Al final, la flota llegó a la conclusión de que la información del desembarco japonés era falsa y se dirigieron de nuevo a Singapur. Para entonces, los bombarderos de la fuerza aérea japonesa habían despegado de Saigon y Thu Dau Mot y estaban listos para atacar en cuanto lo señalara un avión explorador. A las 11:45, un avión explorador de doble motor apareció sobre la flota inglesa. Tras recibir la señal, los bombarderos acudieron una hora más tarde. A las 12:45, la unidad de ataque del Grupo Aéreo Mihoro empezó a bombardear al Repulse. A las 13:14, el Príncipe de Gales se convirtió en el objetivo de los bombarderos tipo 96 "Nell". Recibió dos impactos de torpedos, uno detrás de la chimenea de popa y otro en la popa. Ladeado hacia babor, la velocidad del Príncipe de Gales se redujo a 20 nudos. A las 13:50 volvió a sufrir un ataque, esta vez de seis bombarderos Betty Tipo 1. Recibió el impacto de cinco torpedos, cerca del estribor de proa y de la popa. A pesar de las condiciones en que se encontraba, seguía desplazándose a 15 nudos y no dejaba de disparar a los enemigos. El Repulse ya estaba en el fondo del mar y al Príncipe de Gales no le quedaba demasiado tiempo. El bombardeo empezó a las 14:03, a cargo de ocho Nell tipo 96. El Príncipe de Gales recibió el impacto de una bomba de 500kg a estribor de la torreta de popa. A las 14:50, el Príncipe de Gales explotó y se hundió. Así llegó el dramático final después de 9 meses de servicio.

Churchill, primer ministro inglés en aquella época, afirmó que esta pérdida era la peor sufrida durante la guerra.